Silvio Aristizábal Giraldo
A pocas cuadras de distancia de mi casa en Bogotá veo diariamente a una mujer en una esquina de la calle vendiendo billetes de lotería. Hace algunos días le pregunté por el tiempo que lleva en ese oficio y me respondió que lo inició a los pocos meses de muerto su esposo, y desde entonces hasta hoy, han transcurrido 19 años. Me contó, además que se casó a los 18 y su matrimonio duró 28. Sumo mentalmente las cantidades y me resultan 55 años. Son casi 20 años de trabajo los de esta mujer en la calle, el tiempo que en el sistema de seguridad social tradicional necesitaba un obrero para acceder a su pensión.
La escena se repite con pocas variaciones a lo largo de los andenes. Llevo 15 años viviendo en este sector de la ciudad y me doy cuenta que entre los vendedores ambulantes hay una gran cantidad de mujeres. Algunas jóvenes, que traen consigo a su bebé recién nacido, seguramente madres solteras, otras no tan jóvenes y, definitivamente, un número considerable de viejas que, a su edad, tendrían derecho a estar en su casa disfrutando de sus nietos o dedicadas a alguna actividad diferente. Pero no. Están obligadas a trabajar para conseguir el sustento propio e, incluso, colaborar con el de los hijos y otros parientes.
¿Cuánto tiempo más estará la mujer que vende lotería en esa congestionada calle, soportando las inclemencias de la lluvia, el sol y la contaminación vehicular?, ¿y las otras vendedoras? Seguir leyendo →